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DC: ¡Que se vayan casi todos!
Por José Álvarez
Ex Seremi de Educación
Miércoles, 27 de Enero de 2010
Durante una de las tantas crisis políticas en Argentina se hizo famosa la frase ¡Que se vayan todos! surgida del alma popular, que hacía referencia al “establishment” político de ese país, al que consideraban responsable de la debacle política y económica. Se pedía aires nuevos en la política, personas que no estuvieran manchadas por la lacra de la corrupción, el nepotismo y las ansias del poder por el poder.
Considerando que en toda situación política y social existen excepciones, en nuestro país a nivel de la Democracia Cristiana sería conveniente que desde el alma popular de este histórico partido surgiera un nuevo grito de Hidalgo: ¡Que se vayan casi todos los dirigentes nacionales, regionales, provinciales y comunales, que han llevado a este otrora mayoritario partido al desprestigio que lo tiene hoy en una crisis política, si no bien terminal, no por cierto grave y preocupante! Este llamado también debe alcanzar a muchos militantes que han visto en su militancia más que una vocación de servicio público, una forma de subsistencia que los ha llevado a perder su norte y dignidad.
En base a lo anterior, resulta decepcionante la información que llega a través de los medios de comunicación en torno al último Consejo Ampliado de la Democracia Cristiana del fin de semana en Santiago, cuando se esperaba por parte de la militancia de ese partido, un crudo y descarnado análisis de los resultados de las elecciones parlamentarias y presidenciales recién pasadas, los grupos de poder en el partido no sólo han pateado las soluciones para más adelante, sino que han rechazado por comodidad e incompetencia “la renuncia con elástico” de su presidente nacional , personaje que a privilegiado siempre su nepotismo y disputas personales, por sobre el interés de su partido.
Si las nuevas autoridades nacionales de la D.C. no surgen de la doctrina democrática de un militante un voto y luego de la renovación de las directivas regionales, provinciales y comunales, y de los delegados a las Juntas nacionales, todo seguirá siendo una lucha de poder entre “alvearistas-
martinistas”, “freistas”, “guatones”, “terceristas”, “chascones”, “colorines” y de un cuanto hay, que le ha hecho tanto daño a este gran partido. Hoy en que los grupos de poder no tienen nada que ofrecer ni tampoco intimidar a sus camaradas, es el momento optimo para que asuman la dirección del partido, nuevos rostros y personas aún no contaminadas por los malos usos del poder.
Cuatro años es un periodo corto pero razonable para reconquistar el voto popular. Una oposición responsable ante el gobierno de Piñera, recobrar el liderazgo en una nueva Concertación, en los centros de alumnos de la enseñanza media y universitaria, en los gremios y sindicatos, en las juntas de vecinos y centros de estudios políticos, son un paso necesario e imprescindible para revitalizar la D.C. De no ser así, se perderá la última oportunidad para sacar de la UCI, a un partido que lo tiene todo para seguir siendo la alternativa de los pobres, clase media y ricos con conciencia social.