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Roma Locuta
Por Mario Barrientos Ossa
Martes, 19 de Enero de 2010
En los tiempos del viejo imperio, raíz de nuestra civilización, la frase que sirve de epígrafe a esta columna se pronunciaba cuando el Senado resolvía los temas de su competencia, y quedaba enteramente a firme lo discutido: Roma habló, que eso significa la frase latina, señal que desde ese momento, nada más se podía debatir acerca de ello, solo cabía cumplir lo resuelto.
Esta frase se nos viene a la mente en momentos en que el Soberano, el pueblo chileno, habló, y determinó con entera certeza la persona de su máxima autoridad por los próximos cuatro años, decisión que solo cabe acatar con la mejor buena fe y voluntad, pues debemos convencernos que es lo que el pueblo decidió para su desarrollo y felicidad.
En estos momentos en que se abre un nuevo horizonte, en que muchos nobles sentimientos y anhelos de superación para nuestra Nación se asoman, es tiempo de paz, de armonía, de acción, de llevar a la realidad muchos sueños postergados, de probar recetas que durmieron, de poner en la faz del país planes exitosos que nos lleven a la prosperidad.
La historia republicana de la patria se reaviva, esperamos ver que muchos valores postergados se reactiven, se cultiven, para el bien de nuestra sociedad y de su provenir.
Es tiempo que, junto con seguir corriendo la rueda de la fortuna, que jamás ha sido clavada por nadie ni por nada, los ojos se abran a la realidad, el alma se despierte, la fraternidad predomine, el sentido de nación se luzca con más fuerza que nunca.
Deseamos de todo corazón que las promesas e ilusiones se concreten, en que la voz del pueblo sea oída como la voz de Dios, en que las desventuras de tantos necesitados puedan ser atendidas y superadas, en que el trabajo con sueldo justo que todo ciudadanos reclama sea realidad, en que la justicia social fluya y se demuestre que con eficiencia, rectitud, probidad, respeto por los valores, se puede construir una patria próspera y feliz.
No es tiempo de recelos, ni de temores, ni de malas palabras, sino de mucha fe y esperanza; no es tiempo de negar la sal y el agua, sino de generosamente aportar al bien común; no es tiempo de debilidades ni de dispendio del tiempo en necedades, sino una época de sumar fuerzas, energías y talentos en pos de alcanzar las grandes metas nacionales.
Chile habló, y esperamos que su voz potente sea respetada, y que quienes hoy entran a servir a la república, lo hagan con toda la integridad, fuerza y talento que necesitamos, y que el respeto a los más débiles, a los más pobres, a los más desventurados, se traduzcan en acciones concretas de apoyo y respaldo a su felicidad.
Chile habló, y su voz potente pide poner fin a las disensiones, cultivar la hermandad, abandonar egoísmos, sumar voluntades tras la causa común.
Chile habló, y esperamos que su mensaje se cumpla íntegro, cabal, abriendo una nueva etapa gloriosa en la historia de la patria.
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