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SEGUROS INSEGUROS
Tulio Astudillo
Desde Cancún, México
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Jueves, 11 de Marzo de 2010
Antes de salir de Chile hacia México, quise dejar bien custodiadas mis pertenencias. Luego de vender mi casa y pasar a ser desempleado y sin techo, me instalé temporalmente en el hogar paterno, con la buena acogida de mi madre y de mi hermana. Respetuoso de los seguros y creyendo que eran seguros, me dirigí a la multitienda blanca y verde y contraté un "full" para protección de hogar y todo lo que había en su interior.
Cuando días después, ya en tierras aztecas, supe del feroz sismo que en mi país dejó muertos, casas destruidas, edificios en el suelo, monumentos deteriorados y miles, miles de daños, entre las palabras de consuelo le dije a mi familia desde una caseta telefónica de Cancún, México: "Me alegra que están con vida. Lo material se puede recuperar. Busquen la póliza del seguro hogar y vean lo que pueden recuperar".
Al adquirir ese seguro, pregunté simplemente: ¿Cubre todo? La lista era larga. La verdad es que nunca oí la palabra “terremoto” y tampoco creí que era necesario que me lo reafirmaran. Lo cierto del caso es que... no cubría ni terremoto, ni pérdidas en muebles o enseres, salvo en caso de robo o reparaciones de daños menores. Perdí varios meses de pago y por supuesto todavía me culpo por haber firmado y comprometido al pago mensual, sin antes entregar el documento a un experto... ¿Quién me paga los daños?.... ¡Moya!.
Pero eso no es todo. En el aeropuerto de Santiago contraté Assist Card, un seguro como el "mentolatum", para lo que venga... Una linda chica me paró, en medio del ajetreo de llegar a Policía Internacional... Creo que más me convenció su estampa y hermosos ojos, que lo que contenía la tarjetita. Pagué, ya no sé cuánto. Me dieron unas lindas tarjetitas plásticas para ponerlas en mis maletas y bultos de mano, un folleto y una lista de direcciones para "pedir ayuda".
Al llegar a Ciudad de México recibí mi maleta de aluminio, que una vez flamante me regaló mi hermano para "viajar first class". Venía abierta, con las correas de seguridad sueltas, algunas prendas salidas por los costados y mis medicinas (entre ellas Imecol, por si los muchos tacos y frijoles refritos hacían estragos en mi sistema digestivo) se podían ver sin mucho esfuerzo. Se notaban que los perros habían caminado sobre ellas hasta "bailando Jarabe Tapatío".
La valija, una Admiral de lujo, estaba abollada como cacharro viejo y lucía su tapa como si se tratara de un "fito" 600 clamando por airear su motor trasero. Quise hacer el reporte oficial. El encargado del escritorio de la línea aérea en que hizo sus pininos empresariales nuestro flamante Presidente, pidió mil disculpas al ver el estado del equipaje. Sacó un papel de alguna parte del mostrador y me dijo sonriente, con un marcado acento charro: "´Orale... ahorita no tengo la forma (formulario), pero si gusta, haga usted mismo su reporte y luego se lo mando a la supervisora para que le solucione el problema de su valija".
Para que el papel fuera un poco más "oficial", le pedí que él mismo escribiera lo que estaba viendo y que yo lo firmaría luego de leerlo. Todo bien... confié en que al llegar a Cancún me estaría esperando una nueva y flamante maleta. Hasta ahí, todo bien. Al arribar a Cancún en una compañía mexicana fui directo al recinto de entrega de equipaje.... Vi todo lo que cargaba el avión, cajas, cajitas, guitarras, maletas chicas, negras, de colores, bolsos, tablas de surfing.... menos mis maletas. Las habían perdido en algún lugar de México.
Mis anfitriones calmaron mi angustia de no tener ni calzoncillos, ni siquiera un cepillo de dientes. Ya más tranquilo y provisto de ropa que mis amigos fabrican en formidable lino importado, comencé los reportes. Avisé a todo el mundo, especialmente a esa Assist Card. Nada de nada.
Un encargado de esa "aseguradora" me dijo que mi reporte no valía y que ellos esperaban comunicarse con la línea aérea para que así se iniciara el proceso de búsqueda del equipaje y corrieran las 36 horas que necesitan para responder por las "pérdidas y daños causados"....
Tras intensos viajes al aeropuerto, llamadas, correos electrónicos, recibí un mensaje de Assist Card: "Ya tenemos ubicado su equipaje... Esperamos que le sea entregado pronto"… Lo gracioso es que yo ya venía de regreso de las oficinas de Mexicana donde había retirado la antes hermosa "Admiral" ahora convertida en chatarra, amarrada con cinta de embalaje. Una de las correas se perdió y la otra, que afortunadamente llevaba mi nombre, me la entregaron en la mano.
El funcionario a cargo me pidió todos los papeles del reporte, los tickets de las maletas y se despidió de mí con una flamante sonrisa y un fuerte apretón de manos: "Gracias por haber volado con nosotros. Estamos para servirle".
Al día siguiente recibí varias llamadas de Assist Card en mi celular mexicano. Eran del funcionario encargado de mi caso. Eran con "cobro revertido"... con el mismo estilo chileno de llamar y cortar, para que uno ingenuamente devuelva las "llamadas perdidas".
Lo más seguro.... pareciera que es no contratar seguros, si no se ha leído la letra muy muy chica y si no se sabe cómo operan… especialmente en el extranjero. La próxima vez viajaré al más puro estilo campesino, con una maleta de mimbre o con una bolsita hecha con un mantel, amarrada con dos tremendos nudos y que pueda llevar conmigo dondequiera que vaya. Seguros al paso, ¡Un fracaso!
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